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Hola amigos, ¿que tal todo?
¿Cómo va la pesca del bass?
La verdad es que por las latitudes en las que yo me muevo, está un poco flojilla.
Y eso a veces te desanima un poco a la hora de levantarte de la cama para iniciar una jornada de pesca. Pero a veces... vale la pena, y ahí está el encanto, que no sabes cual es la vez que va a valer la pena. Por lo tanto, os aconsejo que por mal que esté la pesca, acudáis siempre a practicarla con ilusión y esperanza, puesto que a cada lance se nos presenta la oportunidad de obtener una alegría inmensa, y como que no sabemos en que lance va a ser, hay que estar siempre atento y no arrojar nunca la toalla o pescar sin motivación, y si no, leed lo que me ocurrió días atrás:
“Tengo instalada una caravana en el Camping Lake Caspe, donde paso muchos fines de semana con mi familia, aunque este año, por motivos familiares no he podido asistir demasiado. Hoy es 15 de octubre, estoy durmiendo más a gusto que un rey, cuando empieza a sonar el despertador. ¡Nooooooo! Con lo bien que estaba ahora, vaya, toca levantarse, he quedado con mi amigo Balbino para pescar en Fayón, puesto que si para el Caspe Bass los peces estaban “jodidillos”, una semana después aún están peor. Son las cinco y media de la mañana, y hace un frío de perros, y lo que faltaba, niebla, menuda pereza me da ahora coger el coche para ir a Fayón. Pero bueno, quedamos ayer por teléfono que iría y no le voy a dejar tirado.

Aunque ya me ha advertido que los peces en Fayón se han puesto tan cabr... como en Caspe. Jo, no se para que voy, a fastidiarme de frío y a traerme un bolo.... ¿porqué aceptaría ir? Todo esto iba pasando por mi cabeza mientras me vestía, salía a la calle, comprobaba que hacía un frío terrible y cargaba mis bártulos en el maletero de mi coche. En los 35 min. que dura el trayecto entré en calor, con la calefacción del coche, pero al llegar a Fayón y bajarme de él, la sensación de frío aumentó. Estaba deseando que Balbino me dijera: ¡Hace mucho frío! ¿Lo dejamos? Pero el tío nada... ni inmutarse. Y yo no quería dar el primer paso, por lo tanto, disimulando mi cara de circunstancias, nos dirigimos al embarcadero de Fayón, a las siete en punto de la mañana, echamos su barco al agua y......... ¡La madre que lo p....! Arrancó con el motorcito que lleva (un tropecientos caballos) a toda ostia. Se me pusieron los mofletes en el cogote, los higadillos “p'arriba”, el bigote tieso y los mocos.... bueno, eso no os lo cuento. ¡Pero maric.... para ahí mismo! ¡Que si hay que sacar algún bass lo podemos sacar en cualquier “lao”, ahí en esa pared o en esa punta, no hace falta ir a Toledo! Todo esto se lo dije como pude, no os creáis que me fue fácil, y me hizo caso, no por estar convencido, sino porque creo que tenía tanto frío o más que yo, pero nunca me lo reconoció. El caso es que paramos y empezamos a pescar tipo “Robocob”, estábamos nosotros más tiesos que las cañas. Yo creo que no quedó árbol, mata o piedra por enganchar nuestro señuelo. Así que, mi cabeza empezó otra vez con el “runrún”. A que coñ... habré venido aquí, con lo bien que estaba en la cama. Mira que somos gil...... los pescadores. El caso es que llegamos a una zona de algas, bueno una zona de algas es un decir, digamos que en vez de agua solo hay algas. Imposible penetrar en algunas reculas. Te llegan a trabar el motor eléctrico de lo densas que son en estas fechas. Por lo tanto, por la habilidad en el lanzado que ya me había demostrado a mí mismo en la hora y cuarto que llevábamos pescando, decidí que no estaba capacitado para pescar con ningún cebo que llevara expuestos los anzuelos. Por lo tanto, abrí mi caja de cebos y me entró la risa... sí allí, entre tantos cebos que llevo, estaba una rana, una Basirisky de Deps, que aún no la había ni probado. Recordad que os he dicho que este año no he pescado casi nada. Mientras me reía viendo aquel “aparato”, pensaba hay que ver que bicho más feo. De donde habrá sacado el Kazumasa Okumura este la idea para diseñar semejante adefesio. Pero bueno, estaba buscando algún cebo con propiedades anti-algas, y ese fue el primero que se me vino a la vista y me dije: voy a probar este experimento de rana a ver como se mueve. Como que tenía los dedos tan entumecidos, decidí utilizar un clip de los que no son quita-vueltas, para poder hacer otros cambios, pues a la rana le daba cinco minutos y al banquillo, algo que no hago nunca, puesto que prefiero anudar la línea directamente al cebo, creo que se mueve mejor. En ese momento, tenía en las manos una caña equipada con línea trenzada y por no agacharme a cambiarla, esa es la que utilicé. Coloqué el Basirisky 70, color Nigi Boa en el extremo de la línea y empecé a utilizarlo. La verdad es que me gustó y me sorprendió como se movía. Tenía un movimiento que asemejaba al de una rana de verdad, paseándose descaradamente sobre las algas, y lo más curioso es que parecía que con sus patas iba abriéndose paso entre la maleza. Las ocho y veinte de la mañana, jod... que frío. De vuelta a la risa.... parece un explorador que va abriendo camino por entre la selva y encima contornea las caderas como si se chuleara. Pero su contorneo es acoj..... A ver si tan chula, tan chula, le sacuden un zapatazo que la arreglan, y venga risa otra vez... hasta que el zapatazo llegó, jo, y de que forma, de entre las algas salió un no se qué, más bien parecía un cartucho de dinamita en el momento de la explosión, que dejó un ruedo limpio, sin algas, de casi un metro de circunferencia. Vaya susto me llevé, creo que de la misma contracción que dieron mis brazos al asustarme, clavé el pez, porque os aseguro que no fue algo premeditado, puesto que me pilló riéndome de semejante muñeco extraño moviéndose por la superficie de las algas. Balbino se giró instintivamente y con los ojos fuera de sí, me dijo: ¿Eso que ha sido? Y yo, con la caña tensa, la puntera arqueada, y lo que fuera que llevaba el puñetero Basirisky clavado entre la maraña de algas, le respondí: No lo sé, macho, pero como sea un bass, pequeño no es. Viendo donde estaba metida la línea me dijo, para darme ánimos, sabéis, como hacen los buenos amigos: ¡De ahí no lo sacas! Eso me tocó.....la moral.... ¡Como que no lo saco! ¿Qué no lo saco? Pues eso, como un saco. La línea trenzada no se rompe, estoy harto de comprobarlo, así que empecé a bombear como si quisiera subir un siluro a la superficie. El bass, si es que lo era, no luchaba, como iba a luchar, si estaba empaquetado entre algas. Ni él mismo sabía como se había metido allí. Desde donde se adentraba la línea en las algas hasta donde terminaban éstas, quedaban aún unos cinco metros. Cinco metros que tenía que arrastrar a lo he hubiera al otro lado de la línea para poder ver lo que era. Pues ni por esas. Una gran masa de algas iba abriéndose paso entre las demás cada vez que yo recuperaba un palmo de línea. Los brazos hechos polvo, el pez que no luchaba, me pasaron muchas cosas por la cabeza en esos momentos, hasta llegué a dudar de que fuese algo vivo. ¡A ver si he engatillado una rama! ¡Pero coñ... las ramas no atacan! No puede ser, tengo que ver lo que traigo. Al final, se terminaron las algas, y de entre ellas, apareció, detrás de la línea un amasijo de algas que me iba trayendo hacia la barca. Un amasijo enorme. ¡Y no se veía el pez! Balbino con la risa.... ¿Qué traes ahí? ¿Hierba “pa” los conejos? Y yo con la mosca tras de la oreja. A ver si..... lo que ha atacado se ha escapado y tiene razón y no hay nada. Llega el amasijo de algas a la barca, me agacho, empiezo a apartar maleza y más maleza, aquello no se acababa nunca. Aparece el Basirisky.... y después de la rana.... jod.... ¡¡vaya cabezón de bass!!. Se me quitó el frío, se me quitaron las ganas de abandonar, se me quitaron las ganas de irme a casa..... menudo aparato. Balbino no se lo creía. Un artefacto que pesó 2,310 Kg. Estuvimos pescando hasta la una del mediodía, no logramos capturar nada más, pero era igual.... aquel pez me alegró el día y al recordar toda la acción, incluso algunos posteriores. Aún hoy, cuando me acuerdo en la forma que se produjo la captura me entra la risa, pero de lo que no me reiré nunca más es de la jodida ranita Basirisky. Os aseguro que para la próxima temporada, la voy a tener mucho en cuenta en todas mis salidas de pesca o competiciones. Estoy convencido de que me dará muchas alegrías.
Por eso os aconsejo que no bajéis nunca la guardia, nunca penséis en que si hace mucho frío o mucho calor, que si los peces están mal o están peor, que se está mejor en la cama, o cualquier excusa similar. Si tenéis la oportunidad de ir a pescar, hacedlo, puesto que nunca se sabe tras que lance aparecerá un buen bass y os alegrará el día y al mismo tiempo os alegraréis de haber tomado la decisión de ir a pescar.
Un saludo a todos y a todas.
¡Hasta la próxima!
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